Debo confesar que cada vez que redibujo tu silueta en mi mente, mi alma se aleja unos milímetros más de la vida. Esa silueta tuya, que tanto me imploraste que ignorase, para mi desgracia, de la manera más satírica posible, es lo que no puedo sacar de entre las sienes, en ningún momento. Te quedaste en mí, en lo más profundo. Eres lo más cercano a la realidad y ahora que no estás, que nunca estuviste, que me abandonaste sin siquiera pertenecer… Muero. De tu luz, de tus clavículas resplandecientes, de tu ligereza, de cada milisegundo en que nos pude llamar una conjunción. Aunque pasen milenios y eras, la sinapsis de nosotros será prevaleciente. No como un hecho histórico sino como una constelación.
domingo, 6 de noviembre de 2016
Héroe
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