Cada uno de mis delirios nocturnos te pertenecen, no por gusto sino por conquista, porque llevas al universo en los centímetros de tu piel, en la agudeza de las yemas de tus dedos. Eres misticismo, eres la conversación de miradas más enigmática. Eres ligero dentro de la pesadez de tu pies.
Me sorprendo mientras mis manos buscan tu piel delicada, casi femenina y mis labios te invocan con tanta fuerza que podrían atravesar el techo y el cielo y llegar hasta ti de un solo suspiro. Inspiro.
Te siento. Siento tu esencia consumir mis bronquios y filtrarse en mi sangre, aún puedo alimentarme de tus pupilas explosivas, de tu mirada penetrante, del cielo interminable que pende de tu cuello.
Tu vaivén es homólogo de la soberbia con que siempre sonríes, esa sonrisa que me ha dado mas insomnios que vistas.
No hay cosa que no haría con tal de tenerte, de que mi añoranza desaparezca y en vez, estés respirando con inquietud mis silencios agitados.
Quiero derramar polvo estelar sobre la brillantez de tus hombros y que presumas, tan altivo, tan tú.
Sobre Madero
ResponderEliminarSe encontraba caminando en una tarde como ya tenia tiempo no lo hacia, ya que cuando salía de trabajar el mejor momento del día para el ya se había terminado. Ese momento donde el sol baja y entinta las calles, los arboles y caras de desconocidos de un tono naranja, donde la calidez se va escondiendo y el frío comienza a percibirse con agrado.
Simplemente caminaba por el centro de la ciudad de una forma en la que también tenia mucho tiempo no lo hacia, en soledad. Escuchaba el soundtrack de una de las películas de su director favorito “midnight in parís” mientras toda la gente se amotinaba para ver a los personajes con disfraces que cobran 10 y 15 pesos por tomarte la foto.
Otros más caminando en familia, formándose para comprar un helado en la cadena del payasito bicolor, sentados tomando un café, algunas parejas congeladas como estatuas platicando mientras van siendo esquivados por la demás parte de esa marabunta de gente en la que él estaba incluido. Pero a pesar de toda la multitud que se detenía sin previo aviso, cambiaba de dirección y repentinamente se paraba a observar una tienda, contestar un mensaje o ver uno de los tantos edificios que la mayor parte del tiempo pasan desapercibidos, era raro para él observar que casi ninguno chocaba con otro, pareciera que sabían respetar involuntariamente el espacio milimétrico que los separaba de una colisión en serie.
El camino que va desde eje central al zócalo es relativamente largo, pero al estar entreteniendo la vista y con una buena compañía musical, la distancia recorrida es algo que vagamente se percibe.
Su caminata en soledad se concentraba en ver a las personas e imaginar un escenario en el cual se encontraría con ese alguien que lo dejo por alguien más, pero que para su pensar no fue así y simplemente quería descubrir más cosas antes de tomar la decisión de amarle, entregar su vida y estar segura de ello. Se imaginaba cada detalle de esa fantasía, los rostros y gestos que haría, el nivel de sorpresa hipócrita que otorgaría a la situación. Inclusive el tono de cómo decir un simple hola, y que mejor que la encontrara en compañía de alguien más, así podría inclusive actuar indiferente al saludar e interactuar con ese personaje. Sabía que pensarlo, imaginarlo y salir triunfante era algo muy sencillo ya que el era el dueño de las situaciones.
En una mezcla de música, gente, fantasías y temor por enfrentar algo imaginario, llego a su destino, pidió una taza de té, observo las ilustraciones del lugar donde constantemente son cambiadas ya que aquel sitio es nido de creaciones, saco de su morral un libro y simplemente se perdió en una lectura hasta que al volver a tomar un trago, el liquido contenido ya estaba frío. Esto no fue relevante ya que prefiere que las cosas fluyan más rápido y sin el peligro de salir perjudicado.
Pago la cuenta y camino de regreso por la misma calle atestada de gente que busca salir de la rutina semanal. Los locales ya tenían las vitrinas y aparadores llenos de luces y los edificios con esos focos que iluminan sus fachadas desde un ángulo que permite que los mismos logren atraer las miradas ajenas, convirtiéndose en los dueños de la atención nocturna comunitaria. Con cada paso comenzaban a surgir esas fantasías en un sentido contrario como el camino que transitaba para regresar a su casa.
Todo fue más relajado y al llegar a casa se recostó y comenzo una recapitulación de lo que hacia mucho tiempo no experimentaba, el simple hecho de hacer una caminata a solas, leer y tomar una taza de té sin compañía, regresar y pensar en soledad…
Xhav.
Me fascina la profundidad de la descriptiva, realmente puedes transportarte y ser ese chico de la multitud, y sentir el frío del té, el muchacho que imagina todo y no... me gusta, me gusta.
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