domingo, 6 de noviembre de 2016

Azul

No dejo de pensar, a solas, con el tacto lleno de frío y nada más y el gusto bien amargo; el afán autodestructivo de la mente cuando el desequilibrio se presenta como un muro enorme, helado y gris o tal vez como la espalda de todos los que creías a tu lado.

Inhalo.

Qué manera de excavar el alma cuando entierras la tristeza y cosechas melancolía y cristales oculares por las noches, qué manera de morir en vida, qué forma de deshojar los cuadernos y desentrañar las páginas en blanco, qué forma de aclamar olvido cuando los tatuajes van en el alma y no en la piel, claro, aunado a la convergencia.

Qué forma de ser agua y ser aire, ciclón, huracán.

Qué astucia la de los desvelos para impregnarse en la consciencia, nacidos de la misma inconsciencia y en los labios. ¡Cómo gira el tiempo! ¡Cómo es posible la torpeza en las manecillas de una maquinaria perfectamente funcional!

Qué forma tiene la madrugada de mover las dagas bien enterradas, siniestra, amenazando con lo finito y con alivio a su vez, porque ¿No puede ser eso también? ¿No se trata de elevación y de luces blancas?, ¿De trascendencia?

Qué instransigencia de nuestro descuido hacia la sinceridad de un amor, al negar un abrazo y un beso, al soltar la mano honesta para afilar las garras bien estéticas y sonreír de falsa inocencia.

¡Qué fragilidad! Qué flacura hay en la firmeza de nuestro juicio cuando amamos con el corazón, cuando aceptamos la superioridad de esa fuerza sobre la razón, cuando alabamos las heridas y los bordes se ven difuminados con la innegable presencia de la niebla inefable, preciosa…

Exhalo.

Todo es azul.

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