miércoles, 3 de junio de 2020


Adoro verte recostado, con los ojos llenos de destellos, de brillos y tus párpados luchando por media apertura mientras converges en el espacio, nuestro espacio.

La noche renace en tus ojos y llevas eclipses por pupilas; todo crece hacia el plenilunio, la magia de nosotros.

Tu piel es un monumento a la madre Tierra, que arrulla a su hijo desde las plantas de los pies y suavemente lo lleva hacia mí, víctima del hechizo más puro de la existencia, amor le llamas.

Tus poros son fuentes de agua bendita y tu vientre es un cáliz perfecto, que se parece al centro del mundo y es testigo de humanidad.

Tus manos son las manos del creador, y se extienden por la habitación como el Sol se extiende por el mundo y va girando las sombras con el tiempo y jugando con las perspectivas.

Tu pecho se ilumina por la ventana y remarca tus costillas, esas que tienen por privilegio la divinidad de resguardar el tesoro más grande del mundo,

Me miras y mordisqueas tus labios con la única intención de simular los míos, de llevar claridad.

Caigo entre tus brazos y les rindo culto. Mi ser se encuentra en un encanto que tiene un nombre y ese nombre lo tienes tú también. 

Te miro y adoro verte con mi corazón inconfeso y convencido de lo irremediable: tú y yo.

domingo, 16 de abril de 2017

Tal vez.

Tal vez sea como la noche,
O como estar bajo un árbol, como un vaso de agua o jugo de un limón seco.
Tal vez sea como los últimos tintes del atardecer, tan destinados a desaparecer en cinco minutos, esos minutos que cautivan millones de miradas, todas hacia el mismo punto, a distintos tiempos, pero siempre con el mismo resabio, tal vez, sea como el mar en un día soleado, con ese aroma salitroso peculiar, que trae recuerdos para todos, tal vez sea un instante, pero ¿Quién no lo es? Tal vez todo sea tan esporádico que es imposible pensar en ello sin que cambie, todo cambia, nada espera. Todos. Tal vez todos somos exactamente lo mismo. Sólo hay que saber observar con los ojos correctos, todos somos átomos y energía. No somos tan diferentes pero esos detalles, esa conjunción, la proporción, le hace tan único que la idea me quita el aliento, tal vez sea una tormenta o un chaparrón, o un viento ligero bajo la falda o un tremendo ventarrón, pero no somos tan diferentes, tal vez somos todo y somos nada. Y aún así lo veo tan especial, tan irrefutable, que me parece infinito bajo las manos.
Tal vez son mis ojos, tal vez sea mi pecho.

martes, 10 de enero de 2017

Uno

No hay cosa más cercana a la vida que descubrir tu rostro entre la oscuridad, bendita sea mi ceguera nocturna, bendita la luz por mis dedos.

Y me buscas justo en el lugar donde ya no estoy, porque no existo yo, cuando me miro en tus ojos, no soy; somos, estoy así, ausente en todos, excepto en ti y tú en mí, porque no existe magia más divina que la profundidad de tus manos y de tus labios y de tu piel de mujer.

Y te busco en cada página de mis recuerdos, bajo mis costillas, en mitad de la noche y a tres cuartos de la madrugada, me busco y te busco como si fuese distinta cosa.

Te encuentro y te toco en cada espacio que guardas entre los miedos,en medio de todo el tiempo que hemos estado unidos sin saberlo, sobre la locura de la flacura de tu pecho, te beso.

Y me encuentras y me tocas en cada lugar donde el tiempo ha perdido su sentido y las palabras también, donde no existo ni existes, existimos.

Nos encontramos en infinita convergencia, no hay más, donde uno mas uno es uno y me besas.

lunes, 7 de noviembre de 2016

De ser tuya, podría.

Podría volar de ti, de tu nombre, de tus ojos de mar, de tu forma de hablar.

Podría viajar por tus pies, por tus manos, por tu piel, por tus años.

Podría naufragar de ti, de tu aroma, de cada una de las noches en tu idioma. De tus manías, de tu amanecer, en tus dedos permanecer.

Podría despertar con tan sólo mirar, del alma mi cintura adornar, de tu cielo, de ti, de tu impaciencia a destiempo.

Podría morir de ti, de tu presencia, de la liquidez de tus ratos, de lo enteógeno de tus labios.

Podría trascender de ti, de tu respirar, de tu caminar. Vivir de tu aliento, de éste viento.

Podría llorar de ti, de tu ausencia, de la forma poco obtusa de tu existencia, de tu universo, de cada uno de estos versos.

Vida mía...

De ser tuya, yo podría.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Día

Una hora te he pensado o tal vez eran venticuatro. ¿Quién lo recordaría?

No se borra tu imagen de entre mis sienes y el reloj te deletrea a cada segundo.

Dos horas o tres he repasado esa imperiosa libertad tuya, esa que llevas entre los dedos y bajo las muñecas, sobre las mejillas; el punto justo donde nace y renace mi locura.

Cinco horas he dibujado en el aire, tu mirada sobre mis sueños y sobre las imágenes de tu rostro en la almohada y tu inherente pacifismo, tu inocencia.

¿Diez horas? Mi silencio público lleva escrito en itálicas tu nombre y mi correspondencia, uno tras otro y viceversa.

Doce o trece. No lo sé. La levedad de tus hombros traducida en tus espacios en blanco, donde el universo y tú son explícitamente uno y contemplas el vacío y desaprietas los labios y los humedeces, tan tú.

Probablemente fueron quince donde tus suspiros llevan otro sentido y aún son tan preciosos de imposibles, de impertinentes, de rebeldes y de amantes.

Una tras otra vez. Tal vez eran veinticuatro pero, de no ser mi pecho ¿Quién lo recordaría?

Lluvia

 No llores, no cedas,

que esos claros sólo brillen de alegría.

No llores, no muerdas,

que tus labios no sangren vida mía.

No llores, no tiembles,

que tus piernas no pierdan firmeza.

No llores, no hables,

que tu silencio guarde su certeza.

No llores, no anides,

que tu pecho esté bien arriba.

No llores, no derrames,

que tu mirada aún sea altiva.

No llores, no colapses

que no pierdas propia razón.

No llores, no solloces

deja que acaricie tu corazón.

No llores, no mojes tus mejillas, que lo
sagrado de la vida se encuentra en ti y en lo peculiar de tu presencia, en la serenidad de tus brazos, en la inocencia de tus manos, en el ángulo de tus hombros…

No llores que si llueves, mis sentidos se pierden, que si eres tormenta, yo el viento o lo que tú me pidas, columna vertebral. Tomaría cada paso, y cargaría cada cosa.

¡Te ruego! No calles, cierra las ventanas, que para ti, incendiaría el cielo, encenderé la luz.

Incandescencia

Ya no hay horas, no hay minutos, no hay distancia ni velocidad, sólo estás tú y la inmensidad, sólo el mar y tu luz.

Resplandeces con tanta ligereza, la inocencia de tus pasos y las curvas de tu alma cuando sonríes forman esteros sobre mi tacto, dibujan planos sobre mis palmas y entre las cejas. Eres tan luminiscente. Irremediable, inevitable, tanto como la lluvia de mayo, tanto como el Sol de este a oeste o como mi fascinación a la Luna.

Ya no hay tiempo, ni izquierda o derecha. Ya no hay frío ni silencio, sólo estás tú y la claridad, sólo el océano y tu luz.

Brillas tan absoluto, irrefutable, irisas las noches, definitivo; los crecientes, los menguantes, todo el ciclo lunar entre los labios y toda la estación que acarreas sobre los pómulos es tan clemente, tan blanca, alumbraría la más profunda oscuridad.

Ya no hay dimensiones, ya no hay cuentas, no hay lógica, ni sentido en los relojes, o en los husos, sólo estás tú y la grandeza de tu calma, tu fuerza, la marea y tu luz.

Eres tan transparente, traslúcido, tan cristalino que tambalea la realidad y se tiñe para ti. Eres tan total, tan divino como los cantos de media noche, tan innegable como la infinidad del amor y lo vasto de tu naturaleza, de tu horizonte.

Eres tan agudo, universal; tan destellante, tan incandescente.